jueves, 28 de febrero de 2013

en una micro.


Yo vivo entre playas y mares, entre bosques, montañas y edificios; mi corazón es rojo aun cuando mis pies son fríos. De barco en barco me muevo, hago recuerdos en cada puerto, en cada bahía violenta hay una piedra serena, y en esa piedra me siento yo a pensar. 
Pienso en la Violeta, pienso en Daniel y Manuel, pienso en mis difuntos, muertos tan jóvenes, muertos en el fuerte, en las batallas, en las playas. Pienso en prisioneros y soñadores de libertad, y desde mi piedra veo islas en horizontes lejanos, nubes grises y dedos como llovizna que buscan apagar el cielo en llamas.
Yo vivo entre carreteras y a veces también muero. 
Yo sueño y a veces despierto, y lucho por soñar de nuevo.
Yo veo a mis difuntos, sueño con estar con ellos, yo pongo mis pensamientos, cruzo el agua, cruzo el pueblo; las manos en los bolsillos, la mirada medio apagada, la guagua que rompe en llanto y la esperanza que lleva el pobre al hombro por la mañana.
Tú miras, tú ves, tú creces, tú me ves. Y yo te miro de vuelta, pero no te veo, te veo bien lejos. Y ellos miran del alto nuestros talones rajaos. Y el estudiante pregunta si existe trasfondo en esta vida. El ciego quiere ver vida y el mudo pone el grito en el cielo. Te veo, te miro, te veo crecer, te veo luchar, combatir. Con las manos en el fuego, con los pies en el barro. Te veo en la bahía, también te veo en el faro, te veo de día, te veo de noche, te veo recitar versos, te veo libre y segura, te veo vivir más allá del muerto.