Ir al hospital (no a la clínica ni la consulta) es siempre lo más trágico e infeliz de mi vida y en los largos tres años de enfermedad, hoy es la segunda vez que me voy ni tan infeliz como ni tan trágica. El mejor día de estos tres años fue el día en que se acabaron las pastillas y fui casi normal y muy feliz, y hoy, alta. Por fin, sana, incluso más o menos normal.
Invierno ven rápido, congela mi nariz, mis manos y mi corazoncito cansado de esperar y soñar despierto dormido vivo y muerto.
martes, 10 de junio de 2014
Vencer a la pelá es difícil.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)