pienso
en la proximidad de nuestras manos
y si algún día
se cierra.
que tu sonrisa es la más linda
y si te fuiste a dormir
pensando en mí.
pienso
en nuestros ojos
que se encuentran
en tus manos
que me abrazan
y el olor de tu pelo.
pienso
en enfrentar el sentimiento
en mostrarte un lado
más lindo de mí
que no tengo
y no entiendo
por qué me hace sentir mal.
sigh
viernes, 1 de mayo de 2015
viernes, 6 de febrero de 2015
se me va a olvidar, como todo se me olvida
es febrero y se ha terminado. luego de tres años en serio se terminó, lo sé porque fui yo quien dijo no más, lo sé porque sentí bajo la piel llenarme de locura, lo sé porque elegí por el bien de mi cabeza que ya no era posible. lo intenté varias veces, hablar contigo, pedirte las mismas cosas, y supongo que los planes de este verano fueron el punto en el que se acabó la esperanza, y para ti llegó la tranquilidad, el ya no lidear conmigo diciéndo uno y lo contrario y llorando y gritando y acusándote por todo lo que haces y lo que no.
supongo que es un proceso doloroso, el proceso que me ataca por las tardes cuando necesito tomar mi bicicleta y arrancar de todo, cuando pedaleo y llego a la universidad aunque allí no hay nada porque es febrero, porque no estoy mirando mi teléfono, estoy escribiendo en mi diario, estoy dibujando en mi cuaderno, he decidido dejar de mirar el teléfono y allí donde se vive la vida real no hay nada, y las lágrimas se caen por mis mejillas y me caigo en el pavimento y la verdad no me importa.
supongo que es mejor que pase ahora, en febrero, y así quede mucho tiempo aun para mejorar este año, para emborracharse suficientes veces para olvidar mi nombre y tu cumpleaños y las ideas de tí de las que estoy enamorada.
no sé cómo redactar más, sé que fui clara, sé que entendiste, sé que te diste por vencido y sé que yo también.
supongo que es un proceso doloroso, el proceso que me ataca por las tardes cuando necesito tomar mi bicicleta y arrancar de todo, cuando pedaleo y llego a la universidad aunque allí no hay nada porque es febrero, porque no estoy mirando mi teléfono, estoy escribiendo en mi diario, estoy dibujando en mi cuaderno, he decidido dejar de mirar el teléfono y allí donde se vive la vida real no hay nada, y las lágrimas se caen por mis mejillas y me caigo en el pavimento y la verdad no me importa.
supongo que es mejor que pase ahora, en febrero, y así quede mucho tiempo aun para mejorar este año, para emborracharse suficientes veces para olvidar mi nombre y tu cumpleaños y las ideas de tí de las que estoy enamorada.
no sé cómo redactar más, sé que fui clara, sé que entendiste, sé que te diste por vencido y sé que yo también.
lunes, 22 de diciembre de 2014
yo no creo que vaya a funcionar.
No creo que funcione conmigo. Pienso en "¿dónde te imaginas en dos años, en cinco, en diez?" y me veo aquí: mismos dedos con las uñas que me he dedicado a morder por quince años sino más, los mismos ojos que miran a la pantalla con cansancio, quizás gafas sobre mi nariz, las mismas ideas sin acabar jamás plasmadas en hoja y el mismo dolor detrás de la lengua cuando me pongo triste por ninguna razón.
No creo que funcione contigo. Pienso en "¿qué estás haciendo?" y tú dices nada cuando estás en otra ciudad en medio de la noche coreando gritos con un millón de extraños. Pienso que te imaginas en dos años fuera de tu casa, viviendo solo, en cinco o diez has encontrado el amor más veces que yo y te has comprado un perro y has fumado tanta hierba que tu voz ya no es la misma de hace diez años.
No creo que funcione con nosotros, porque tú tratas con demasiada fuerza y a mí me interesa intentar que las cosas no funcionen, porque tú necesitas dejar un sitio y yo no pertenezco en ninguno, porque quieres ir a donde hace calor y yo odio el verano, porque conoces todos los lugares demasiado bien y yo aun me pierdo en mi ciudad natal, porque te gusta fumar y a mí me gusta beber, porque estoy aquí y tú allá, porque de noche digo te amo y no me crees, porque dices te amo y ya no te creo.
lunes, 8 de diciembre de 2014
el amor aporrea
Te apodaría como el más abusivo de los hombres de mi vida, de todos los hombres malos que he conocido, que he amado, que he odiado, con los que he cruzado miradas, eres el peor de todos. Y creo firmemente que nos merecemos pues el dolor que me traes a mí lo recibes tú también.
El amor aporrea, dicen acá, y yo creo que entiendes: te miro de lejos y el espacio entre nosotros siempre se agranda, me buscas de noche y la diferencia horaria hace que mi ánimo después de las doce sea horrible, te busco los fines de semana pero tú siempre tienes mejores planes que yo. Yo nunca puedo ser parte de los planes.
Pasamos demasiado tiempo planeando, y todo sale mal, y tengo miedo de que ahora, tan cerca, todo vuelva a salir mal porque aunque me estoy esforzando todo es difícil si no imposible. Ojalá pasáramos menos tiempo planeando y más tiempo en silencio sabiendo que estás ahí, sin sostener el teléfono en la mano, mirándonos la cara. Odio los teléfonos y odio los aeropuertos y todo lo que me trae cerca de tí odio. Y es difícil pero lo elijo.
El amor no mata, dicen acá, pero aporrea. Y yo sé mejor que nadie.
El amor aporrea, dicen acá, y yo creo que entiendes: te miro de lejos y el espacio entre nosotros siempre se agranda, me buscas de noche y la diferencia horaria hace que mi ánimo después de las doce sea horrible, te busco los fines de semana pero tú siempre tienes mejores planes que yo. Yo nunca puedo ser parte de los planes.
Pasamos demasiado tiempo planeando, y todo sale mal, y tengo miedo de que ahora, tan cerca, todo vuelva a salir mal porque aunque me estoy esforzando todo es difícil si no imposible. Ojalá pasáramos menos tiempo planeando y más tiempo en silencio sabiendo que estás ahí, sin sostener el teléfono en la mano, mirándonos la cara. Odio los teléfonos y odio los aeropuertos y todo lo que me trae cerca de tí odio. Y es difícil pero lo elijo.
El amor no mata, dicen acá, pero aporrea. Y yo sé mejor que nadie.
martes, 2 de diciembre de 2014
Carta abierta al hombre guapo de la facultad.
Han cachado Carta Abierta al Hombre de mi Vida? Donde la mina le escribe todos sus sentimientos bonitos a un hombre maravilloso al que aun no conoce? Ya, por ahí va la idea pero no mucho. Creo. No estoy segura porque en realidad nunca terminé de leer la cartita.
Esta es mi carta abierta al hombre guapo de la facultad. Creo que debería contar cuál es el brillo de este hombre y cuál es la razón de esta carta. El brillo de este hombre es grande: hombre presidente del Centro de Alumnos de la facultad de Inglés, hombre que en todas sus fotos de facebook sale terriblemente feo pero en vida real es maravilloso, alto, morenito, de sonrisa bien armadita y con voz de esas que hacen cositas pasar en mi interior, cositas del tipo ojalá me hiciera clases de gramática sólo a mí y atracar en un escritorio, hombre con parada amplia que inspira respeto, hombre que se ofrece a hacer clases a sus compañeritos. La razón de esta cartita es el poco tiempo que queda de este hombre en la facultad, está en cuarto y (si le va bien) ya no va a ir a a la U diariamente, lo que significa que la recreación de mirarle la carita cuando viene y el poto cuando va, se acaba. Esto me entristece por dos razones: la vida universitaria no es tan emocionante todos los días y a cada rato, e hiperventilarme por razones tales como un hombre que me hace querer colgar los calzones en la punta del campanil, me hace feliz; la segunda razón es que la alegría bonita que aun me liga a la yo de sexto básico a la siga del Emo, se acaba también. Por eso, hombre del nombre inventado, en esta carta quiero darte las gracias. Gracias por estudiar en biblioteca, gracias por convocar asambleas, gracias por a veces usar esa boina culiá fea, gracias por los días que usas camisa, gracias por no manifestarte emparejado por lo menos en las dependencias universitarias, gracias por todos los momentos woop woop en los que mis calzones terminaron en el cubo cinco al verte pasar.
Disclaimer: mi corazón no tiene dueño, lo que siento por el hombre guapo es solo calentura.
Esta es mi carta abierta al hombre guapo de la facultad. Creo que debería contar cuál es el brillo de este hombre y cuál es la razón de esta carta. El brillo de este hombre es grande: hombre presidente del Centro de Alumnos de la facultad de Inglés, hombre que en todas sus fotos de facebook sale terriblemente feo pero en vida real es maravilloso, alto, morenito, de sonrisa bien armadita y con voz de esas que hacen cositas pasar en mi interior, cositas del tipo ojalá me hiciera clases de gramática sólo a mí y atracar en un escritorio, hombre con parada amplia que inspira respeto, hombre que se ofrece a hacer clases a sus compañeritos. La razón de esta cartita es el poco tiempo que queda de este hombre en la facultad, está en cuarto y (si le va bien) ya no va a ir a a la U diariamente, lo que significa que la recreación de mirarle la carita cuando viene y el poto cuando va, se acaba. Esto me entristece por dos razones: la vida universitaria no es tan emocionante todos los días y a cada rato, e hiperventilarme por razones tales como un hombre que me hace querer colgar los calzones en la punta del campanil, me hace feliz; la segunda razón es que la alegría bonita que aun me liga a la yo de sexto básico a la siga del Emo, se acaba también. Por eso, hombre del nombre inventado, en esta carta quiero darte las gracias. Gracias por estudiar en biblioteca, gracias por convocar asambleas, gracias por a veces usar esa boina culiá fea, gracias por los días que usas camisa, gracias por no manifestarte emparejado por lo menos en las dependencias universitarias, gracias por todos los momentos woop woop en los que mis calzones terminaron en el cubo cinco al verte pasar.
Disclaimer: mi corazón no tiene dueño, lo que siento por el hombre guapo es solo calentura.
jueves, 27 de noviembre de 2014
recuerdos borrosos y falta de ideas
Escríbeme cartas, cómprame regalos, mándame más flores, piénsame en más canciones, recuérdame en más lugares; necesito los lugares, las canciones, los regalos, las palabras. Necesito todo lo que de tí me recuerde realidad. Apúrate, tómame de la mano.
Siento que los círculos se cierran y la gente me olvida, no me entristece, mis palabras no se agotan y mi corazón no es un contenedor, mi corazón recibe y se hace grande; he ganado mucho. La gente cambia, yo sé, se adapta, se transforma en el entorno, me pone feliz que las amiguitas escriban porque me gusta mucho leer, me gusta esto porque me desenvuelvo y me escondo al mismo tiempo. Pasan tres días, mis canciones cábalas no sirven, en mi no cabeza no hay nada más que esto.
En la fiesta de disfraces fui feliz, con copete estoy feliz, con amigos soy feliz, estamos bailando y cantando y tomando y gritando pero necesito aire. Tengo suerte de que estamos donde la Vania porque ella me cuida, no sé por qué lo hace pero sé que lo hace, y yo lo hago también en tanto pueda hacerlo. Salgo por atrás, me estoy tambaleando, todo el alcohol del mundo hace que se me olvide mi propio nombre cuando quiero olvidar todos los demás, apoyo la espalda en la puerta y me dejo caer. Fue un error dejarme caer, subo las rodillas, escondo mi cara, apreto mi cabeza con las manos, tengo pena, tengo rabia, nada está funcionando, nadie lo entiende, a nadie le importa, no tengo el apoyo de nadie y tengo ganas de morirme porque nada puedo hacer jamás. La Vania me abraza, le digo que en la casa es todo difícil, a mis papás ya no les importa, se les olvidó, a nadie le importa, aparecen César y la Vale, aparece Sergio, no me acuerdo quién más aparece, no me acuerdo bien de mucho, me dicen que no me preocupe tanto y yo sé que sí, yo sé que algo entienden también. Me hacen feliz, su apoyo es mi fuerza porque hace tanto no lloraba así, y yo sé que soy curállorona, pero estoy desgarrada, todo me duele mucho y no sé qué hacer. No sé cuánto más les digo, siempre mido mis palabras porque no quiero explicar algo raro que nadie entienda, lo voy a explicar después, a ellos sobre todo, y quizás van a entender, ellos quizás entiendan.
En mi cabeza no hay nada pero tu existencia y la falta de ella, la cuenta regresiva que me aterra, si el diecisiete voy a estar ahí o no para que me escribas cartas, me des regalos, me tomes de la mano.
Siento que los círculos se cierran y la gente me olvida, no me entristece, mis palabras no se agotan y mi corazón no es un contenedor, mi corazón recibe y se hace grande; he ganado mucho. La gente cambia, yo sé, se adapta, se transforma en el entorno, me pone feliz que las amiguitas escriban porque me gusta mucho leer, me gusta esto porque me desenvuelvo y me escondo al mismo tiempo. Pasan tres días, mis canciones cábalas no sirven, en mi no cabeza no hay nada más que esto.
En la fiesta de disfraces fui feliz, con copete estoy feliz, con amigos soy feliz, estamos bailando y cantando y tomando y gritando pero necesito aire. Tengo suerte de que estamos donde la Vania porque ella me cuida, no sé por qué lo hace pero sé que lo hace, y yo lo hago también en tanto pueda hacerlo. Salgo por atrás, me estoy tambaleando, todo el alcohol del mundo hace que se me olvide mi propio nombre cuando quiero olvidar todos los demás, apoyo la espalda en la puerta y me dejo caer. Fue un error dejarme caer, subo las rodillas, escondo mi cara, apreto mi cabeza con las manos, tengo pena, tengo rabia, nada está funcionando, nadie lo entiende, a nadie le importa, no tengo el apoyo de nadie y tengo ganas de morirme porque nada puedo hacer jamás. La Vania me abraza, le digo que en la casa es todo difícil, a mis papás ya no les importa, se les olvidó, a nadie le importa, aparecen César y la Vale, aparece Sergio, no me acuerdo quién más aparece, no me acuerdo bien de mucho, me dicen que no me preocupe tanto y yo sé que sí, yo sé que algo entienden también. Me hacen feliz, su apoyo es mi fuerza porque hace tanto no lloraba así, y yo sé que soy curállorona, pero estoy desgarrada, todo me duele mucho y no sé qué hacer. No sé cuánto más les digo, siempre mido mis palabras porque no quiero explicar algo raro que nadie entienda, lo voy a explicar después, a ellos sobre todo, y quizás van a entender, ellos quizás entiendan.
En mi cabeza no hay nada pero tu existencia y la falta de ella, la cuenta regresiva que me aterra, si el diecisiete voy a estar ahí o no para que me escribas cartas, me des regalos, me tomes de la mano.
jueves, 30 de octubre de 2014
el velorio de don Pedro.
Podría escribir con vulgaridad sobre cualquier tema, sobre cualquier experiencia podría ser hilarante, cualquier recuerdo podría poner en palabras para releer una y mil veces hasta superar.
Cuando todo es silencioso siempre lloro, lloro en las películas, en los libros, en las canciones, en mis propias palabras, la muerte no es mi fuerte y siempre lloro.
Tengo una amiga creyente, amiga dice: la fé está en uno, no en las veces que va a la iglesia ni en las veces que reza, Jesús -dice amiga- está en el corazón.
Yo siempre he creído en Dios, porque de chica me dijeron cree en Dios, y nunca dejé de creer. No creo en la iglesia, y quizás tampoco en los santos ni en el espíritu, no sé si creo en rezar y tampoco sé si creo en los milagros. Sé que si creo en la unión de la gente, y creo en los rituales y en la espiritualidad; me siento en silencio y recito de memoria los versos mientras me miro los pies, la gente se reúne al rededor de las flores a los pies del ataúd, ataúd que hace media hora estaba en el piso del living de la casa de mi tía, y yo sentada en el sillón mientras el muerto, tieso, yacía en su última cama.
Mi mamá dice que los muertitos, aunque sufran, una vez que se han ido encuentran paz, y por eso sus caras siempre están tranquilas; le creo, no porque mi mamá lo sabe todo, pero porque mi abuela se suicidó cuando mi mamá tenía trece.
El hombre parado junto al féretro tallado a mano tiene en sus manos un libro y un rosario, mamá se ríe despacito, se le olvidó cómo rezar el rosario, en mi mente le digo varias veces: no importa, Jesús está en el corazón, eso le diría amiga y amiga sabe de estas cosas, y espero que no se olvide, porque de un tiempo a esta parte he pensado en casarme algún día, porque cuando llegue su día o el de cualquiera voy a estar rezando de memoria con los ojos llorosos, las manos apretadas y mirándome los pies, pensando que no puedo ser vulgar, pensando que creo en la unión, pensando que creo que la gente que muere va a un lugar mejor que cualquier otro.
Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.
Pienso en la Lala, desde que la Laura murió han pasado más de tres años, y aun cuando me acuerdo siempre lloro, pienso en su familia y pienso en sus amigos, pienso en cuando me acompañó en el hospital, pienso en todo lo que no pasó. Levanto los ojos, pestañeo rapidito, no quiero llorar; frente a mí está sentada la familia más cercana, los que vivieron con él y lo vieron morir después de almorzar y lavarse los dientes.
Cuando terminan de rezar el rosario completo son más de las diez, tengo frío y tengo un nudo en la garganta, voy caminando de vuelta a la casa pensando en la vida, en la muerte, en la vulgaridad y la espiritualidad todo al mismo tiempo, pensando en la Laura y pensando en don Pedro, pensando en mis viejos y mis abuelos, pensando en Dios y pensando en el cielo.
Cuando todo es silencioso siempre lloro, lloro en las películas, en los libros, en las canciones, en mis propias palabras, la muerte no es mi fuerte y siempre lloro.
Tengo una amiga creyente, amiga dice: la fé está en uno, no en las veces que va a la iglesia ni en las veces que reza, Jesús -dice amiga- está en el corazón.
Yo siempre he creído en Dios, porque de chica me dijeron cree en Dios, y nunca dejé de creer. No creo en la iglesia, y quizás tampoco en los santos ni en el espíritu, no sé si creo en rezar y tampoco sé si creo en los milagros. Sé que si creo en la unión de la gente, y creo en los rituales y en la espiritualidad; me siento en silencio y recito de memoria los versos mientras me miro los pies, la gente se reúne al rededor de las flores a los pies del ataúd, ataúd que hace media hora estaba en el piso del living de la casa de mi tía, y yo sentada en el sillón mientras el muerto, tieso, yacía en su última cama.
Mi mamá dice que los muertitos, aunque sufran, una vez que se han ido encuentran paz, y por eso sus caras siempre están tranquilas; le creo, no porque mi mamá lo sabe todo, pero porque mi abuela se suicidó cuando mi mamá tenía trece.
El hombre parado junto al féretro tallado a mano tiene en sus manos un libro y un rosario, mamá se ríe despacito, se le olvidó cómo rezar el rosario, en mi mente le digo varias veces: no importa, Jesús está en el corazón, eso le diría amiga y amiga sabe de estas cosas, y espero que no se olvide, porque de un tiempo a esta parte he pensado en casarme algún día, porque cuando llegue su día o el de cualquiera voy a estar rezando de memoria con los ojos llorosos, las manos apretadas y mirándome los pies, pensando que no puedo ser vulgar, pensando que creo en la unión, pensando que creo que la gente que muere va a un lugar mejor que cualquier otro.
Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.
Pienso en la Lala, desde que la Laura murió han pasado más de tres años, y aun cuando me acuerdo siempre lloro, pienso en su familia y pienso en sus amigos, pienso en cuando me acompañó en el hospital, pienso en todo lo que no pasó. Levanto los ojos, pestañeo rapidito, no quiero llorar; frente a mí está sentada la familia más cercana, los que vivieron con él y lo vieron morir después de almorzar y lavarse los dientes.
Cuando terminan de rezar el rosario completo son más de las diez, tengo frío y tengo un nudo en la garganta, voy caminando de vuelta a la casa pensando en la vida, en la muerte, en la vulgaridad y la espiritualidad todo al mismo tiempo, pensando en la Laura y pensando en don Pedro, pensando en mis viejos y mis abuelos, pensando en Dios y pensando en el cielo.
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