jueves, 30 de octubre de 2014

el velorio de don Pedro.

Podría escribir con vulgaridad sobre cualquier tema, sobre cualquier experiencia podría ser hilarante, cualquier recuerdo podría poner en palabras para releer una y mil veces hasta superar.

Cuando todo es silencioso siempre lloro, lloro en las películas, en los libros, en las canciones, en mis propias palabras, la muerte no es mi fuerte y siempre lloro.

Tengo una amiga creyente, amiga dice: la fé está en uno, no en las veces que va a la iglesia ni en las veces que reza, Jesús -dice amiga- está en el corazón. 

Yo siempre he creído en Dios, porque de chica me dijeron cree en Dios, y nunca dejé de creer. No creo en la iglesia, y quizás tampoco en los santos ni en el espíritu, no sé si creo en rezar y tampoco sé si creo  en los milagros. Sé que si creo en la unión de la gente, y creo en los rituales y en la espiritualidad; me siento en silencio y recito de memoria los versos mientras me miro los pies, la gente se reúne al rededor de las flores a los pies del ataúd, ataúd que hace media hora estaba en el piso del living de la casa de mi tía, y yo sentada en el sillón mientras el muerto, tieso, yacía en su última cama. 

Mi mamá dice que los muertitos, aunque sufran, una vez que se han ido encuentran paz, y por eso sus caras siempre están tranquilas; le creo, no porque mi mamá lo sabe todo, pero porque mi abuela se suicidó cuando mi mamá tenía trece.

El hombre parado junto al féretro tallado a mano tiene en sus manos un libro y un rosario, mamá se ríe despacito, se le olvidó cómo rezar el rosario, en mi mente le digo varias veces: no importa, Jesús está en el corazón, eso le diría amiga y amiga sabe de estas cosas, y espero que no se olvide, porque de un tiempo a esta parte he pensado en casarme algún día, porque cuando llegue su día o el de cualquiera voy a estar rezando de memoria con los ojos llorosos, las manos apretadas y mirándome los pies, pensando que no puedo ser vulgar, pensando que creo en la unión, pensando que creo que la gente que muere va a un lugar mejor que cualquier otro.

Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.

Pienso en la Lala, desde que la Laura murió han pasado más de tres años, y aun cuando me acuerdo siempre lloro, pienso en su familia y pienso en sus amigos, pienso en cuando me acompañó en el hospital, pienso en todo lo que no pasó. Levanto los ojos, pestañeo rapidito, no quiero llorar; frente a mí está sentada la familia más cercana, los que vivieron con él y lo vieron morir después de almorzar y lavarse los dientes. 

Cuando terminan de rezar el rosario completo son más de las diez, tengo frío y tengo un nudo en la garganta, voy caminando de vuelta a la casa pensando en la vida, en la muerte, en la vulgaridad y la espiritualidad todo al mismo tiempo, pensando en la Laura y pensando en don Pedro, pensando en mis viejos y mis abuelos, pensando en Dios y pensando en el cielo.

martes, 28 de octubre de 2014

trío no

Nunca tuve problemas con las parejas, me gustan las parejas, o por lo menos no me molestan: me gusta rodearme de amor, no me hace sentir sola, me hace sentir feliz porque en el presente soy optimista la mayoría de las veces.

Estamos en el sillón, estás junto a mí, tu pensión es igual a todas las otras pensiones, estoy chata de andar en pensiones, si no es el Depa estoy incómoda y me quiero ir. 

Sacaste la hierba y te dije que no porque no te tengo confianza, subiste la música y no me gusta, tú y yo no somos pareja porque tú quieres a alguien y yo también, y ninguno de esos dos está en la pensión con nosotros. Pienso que he estado en demasiadas pensiones, pienso que no quiero hablar, que no quiero pensar, te doy un beso y tienes la boca seca, creo fragmentos y cierro los ojos, no te quiero ver, no te quiero pensar, no lo voy a hacer porque a mí no me importas; estoy pensando en cuando sea pareja: su casa es grande, su cama es grande, su baño es grande, su ducha es grande, su patio es grande, el sillón de abajo es grande y ahí lo quiero yo, en todas partes. Abro los ojos y no hay nada, no hay cama grande ni hay amor, estoy acostada al lado suyo pero no me importa, estoy pensando en él, siempre estoy pensando en él, no es la primera vez que pienso en él mientras me están culiando. Sonrío, tomas mi sonrisa como aprobación, "viene mi amigo" dices, "ya, ¿y?", te ríes: me molesta tu risa, me molesta tu cara, me molestan tus manos, me molestan tus uñas, me molesta tu pelo, me molesta tu cuerpo. Busco mi ropa, me amarro el pelo, no sé si sabes lo que pasó en el pasado o te sientes lo suficientemente optimista, no me importa, lo que pienses no me importa. Te miro, me miras, tus ojos no son los suyos, tus manos no son las suyas, y a mí no me gustas tú y tampoco me gustan los tríos. 

martes, 21 de octubre de 2014

de heridas y fantasmas.

No sé si lo había puesto aquí ya o no, pero la cabeza me da vueltas y el corazón me late fuerte, Halloween se acerca y él vuelve a aparecer.

2012



Hoy creí ver un fantasma.

Cerré los ojos, sacudí la cabeza: no tengo miedo, juro que no tengo miedo.
Me pregunto si tienes miedo, qué vas a pensar si algún día cruzamos miradas, ¿vas a pensar que todavía me amas? ¿vas a pensar que estoy diferente? Estoy diferente. ¿Estás diferente? ¿Fuiste alguna vez igual a lo que creí conocer? 
Hoy juré que vi un fantasma.
Y giré mi cabeza, y apreté la cara contra el vidrio del bus dejando el centro atrás. ¿Te acuerdas de caminar por ahí en la noche cuando nos íbamos a jugar todo el día? ¿Te acuerdas de la primera vez que me llevaste a tu casa, a conocer a tu madre, al bar, a conocer a tus amigos, a esa vereda en la que te inclinaste y dijiste que estabas enamorado de mí y querías que fuera tuya y habían pasado tres días desde que nos habíamos conocido? Y yo dije que no, que no, que no, lo dije por una semana entera, pero soy débil, supongo, y necesitaba el afecto. 
No estoy triste, y no lo siento, no fue mi intención, yo intenté no llorar pero fue nostálgico, han sido dos años desde la última vez que te vi y me tomaste de la mano y me dijiste que era hermosa y que podía hacer lo que quisiera y me llevaste a casa y me besaste en la puerta. Y aun sueño que me quedo contigo, y que miro tu techo y por la ventana de tu departamento en el tercer piso, y es nostálgico, y trágico, saber ahora que nunca supe en realidad.
No lo siento, no fue mi culpa volverme tan loca y dejarte así. Iba a volver, se suponía que yo iba a volver, pero te diste por vencido demasiado rápido, y no estoy enojada al respecto, supongo que yo también me hubiera dado por vencida. 
No me acuerdo de los nombres que nos decíamos el uno al otro, probablemente no recuerdo varias cosas que hiciste por mí, porque eso hago yo, me olvido de todo, los olvido y ellos me olvidan y me dejan ir. Y con todo esto encontré un consuelo enfermo en verte ahí, esperando en el mismo lugar donde te ví por primera vez, donde nunca puedo volver a caminar de nuevo, donde pensé para mí misma que eres tan hermoso y que no me importaba lo que nadie dijera, y nunca pensé que me mirarías a mí, y cuando por fin, después de meses lo hiciste y me ofreciste un cigarro y lo fumé ahí, cuando en ese tiempo nunca fumaba. Sigues siendo simple y estando solitario, desesperadamente intentando llenarte de todo lo que te hace falta, la misma cara firme y difícil, los mismos labios gruesos, los mismos ojos pequeños escondidos tras tus gafas, el mismo niño triste.
Y hoy, creí que vi un fantasma. Y un millón de pensamientos vinieron con ello: y me hizo lamentarlo, y me puso triste.


2014.



Me dicen tu nombre, y tu nombre significa tantas cosas: tu nombre que significó amor y se transformó en odio, tu amor que significó confianza y se transformó en miedo. Tu nombre resuena, porque lo recuerdo todo, todo antes de que todo se me olvidará, porque antes de mi muerte en vida estabas tú, no tú, nosotros: mi vida en tí; antes de vivir en hospitales caminábamos en la lluvia, nos mojábamos por completo, nos besábamos con furor, nos queríamos con rabia, dormíamos juntos y despertábamos revueltos, Concepción, a veces, trae recuerdos de tí, de mí y de todo nuestro reino, recuerdos que ya no quiero, recuerdos que intento evitar pero me llevan caminando los mismos pasos: la galería y el primer cigarro, la escalera y el primer beso, el parque y la primera vez que pecamos, tu departamento y la primera vez que lloramos. No vuelvo ahí, pasé el primer año mirando en dirección a tu ventana en el tercer piso, y el año siguiente lo pasé mirando en dirección contraria, cada fin de semana.

Podría decir que no te lo llevaste todo, que me quedé yo, podría decir que no te amé en serio, pero no soy así, porque si amo me olvido de mí, te entrego todo, me dejo morir; la única forma en la que sé querer y tú el único que la conoce y ahora quizás no la recuerda.
Mis brazos aun tiemblan, se secaron mis labios, tengo la piel de gallina: en esto te convertiste, en desconfianza, en palabras agrias, en miedo de amar, en miedo de todo, en miedo de nadie, y aunque estés tan lejos, tan enterrado, quizás con un poco de esfuerzo podrías encontrarme, y aunque lleve cuatro años planeando el encuentro (en que espero que me digas que tu vida es una mierda, que nada va bien, que se murió tu hermano, en que se murieron todos, que jamás lograste nada, que estás solo, y yo me alegro), no estoy lista, y rogaría a todas las fuerzas universales posibles jamás volver a toparme contigo, que tu hermano esté vivo, que estés feliz, quizás enamorado. 
Mi pecho es piedra, nada siente, me digo. Pero mi pecho es sólo piel, y las yagas donde toda mi piel tocaste no sanarían en mil años más. 



viernes, 17 de octubre de 2014

cuentos de amor que no pasaron III

No es que no te ame. Es el ruido que oí a los nueve y mi padre golpeó la puerta tan fuerte tras él que pude jurar a Dios que sacudió toda la casa. Son los siguientes tres años que pasé viendo a mi madre romperse los dientes en botellas de vodka; creo que dejó de respirar cuando él se fue, que parte de ella murió, creo que él se llevó su corazón junto a él cuando se fue. Su pecho está vacío, solo un lío destrozado de costillas rotas y pastillas para la depresión. 
No es que no te ame. Es la sangre en el fregadero, la noche en que pasé doce horas en la sala de emergencias esperando para saber que mi hermana estaba bien después de que el niño al que amaba le dijera que él no la quería más. Es el llanto y las luces fluorecentes, los zapatos blancos y la respiración temblorosa, la sangre. Tanta sangre. 
No es que no te ame. Es esa vez cuando tuve que quedarme despierta durante dos días con mi mejor amiga mientras lloraba, chillaba y vomitaba en mi habitación porque su novio se acostó con su ex; podría jurar que aun lleva las lágrimas marcadas en sus mejillas. Creo que cuando amas a alguien, en realidad nunca se acaba.
No es que no te ame. Es aquella vez que tuvimos un profesor sustituto en Inglés porque nuestra profesora estaba teniendo un divorcio y no lograba salir de la cama. Cuando volvió, sonreía, pero sus manos temblaban fuerte cuando sostenía su taza de café, podías ver cómo algo se había roto dentro de ella, y a veces, cuando las cosas se rompen no es posible arreglarlas. Nada vuelve a ser lo que era. Este año tuve las mejores calificaciones en Inglés. Creo que su cabeza estaba girando demasiado fuerte todo el tiempo como para leer alguno de mis ensayos. 
No es que no te ame, es que lo hago.

lunes, 13 de octubre de 2014

lunes

me acuesto en la pieza oscura, no hace frío ni calor, acá me gusta porque no ha sido infectada por nadie, el sol alumbra todo, la brisa entra suave, la vida es tierna y libre de malas intenciones. me siento libre de malas intenciones, no he pasado demasiado tiempo odiando, no he pasado tiempo en absoluto amando. no siento la necesidad de encontrar un lugar al que correr, aquí es suficientemente seguro, todo parece estar a cinco minutos, la gente se acerca y no me siento tan ansiosa. 
voy a decir que sí a caminar el domingo, voy a decir que sí a una película el lunes, voy a decir que sí a té los jueves, voy a decir que sí a la junta en tu casa aun cuando hayan más personas. quizás nos hagamos amigos.

sábado, 11 de octubre de 2014

culiar se conjuga con i

de las ventajas de culiar (en orden de importancia):

  • quema grasas 
  • limpia los poros 
  • arregla la piel
  • reduce estrés
  • te hace más feliz/rico

Después de repasar aquellos puntos de suma importancia intento pensar, ¿está mal culiar por compensar?, ¿es excesivo intentar enmendar una debilidad? Y como no me puedo responder me sigo auto cuestionando, y no caer en el sentimiento de culpa me hace sentir culpable.
En mi cabeza término vetado importante es infidelidad. Jurar: jamás, jamás, jamás le sería infiel a mi pareja. Y en este caso, ¿qué implica pareja? ¿qué implica infidelidad? ¿qué implica normalidad? y quizás más importante que todo lo demás: ¿qué implica el acto si nadie se entera? 
¿Lo mismo pasaría por la cabeza de hombre mientras se culiaba a otras tantas?, ¿compensar lo llamaría la otra mujer?
Infidelidad no significa nada cuando pareja significa mucho menos.

viernes, 3 de octubre de 2014

cambiarse de casa.

Tecleo y pienso: serpiente soy, cambiando de piel. 
Tecleo en teléfono y pienso, cuatro años de mi vida y en la pieza estoy sola, colchón en el suelo, mochila en una silla, quedan las cortinas, la lámpara y el atrapasueños. Borro lo tecleado, lo  escribo de nuevo, te confío lo todo, quizás demasiado; te digo: el único que ha estado acá por cuatro años eres tú. El pecho pesa con la verdad, ojalá no haberte dicho, ojalá decir valiente, todos los buenos recuerdos que guardan estas paredes me los llevo en la maleta. Pero no. No hay recuerdos buenos suficientes para llenar nada.
Tecleo en teléfono, me acuerdo de esa vez que pisé una uva, te has reído de mí por dos años. Literalmente.
Pienso, acá vino ése hombre a decir que ya nada era igual. Acá ya nada era igual y el hombre tenía razón, acá mamá se iba y yo lloraba de pánico, acá mamá volvía preocupada, acá mamá me llevaba al hospital, acá mamá me preguntaba qué pasó por mi cabecita, acá mamá perdía peso y no dormía, acá mamá me despertaba con seis pastillas, y esa no era la mitad de todas las del día. 
Tecleo en teléfono, en esta casa me hice chasquilla y me corté el pelo. Me dijiste que te gustaba el pelo largo, y yo sabía, sabía que no te gustaba mi corte de pelo. 
Tú dices que todo lo que ha pasado nos trajo hasta aquí, que he crecido, superado, que mire el presente, quién soy ahora; y pienso que sí, sí, sí, sí, tú tienes razón aunque no tengas razón cuando eres positivo. 

Me siento pesada y nostálgica, aunque nostálgica no es la palabra, creo. O quizás siento nostalgia por todas las cosas que no logré vivir aquí, por todos los malos momentos que estas paredes encierran. Estoy intentando mantenerme calmada, estoy intentando pensar que la pasajera levedad que representa la casa nueva obstruye la falta de pertenencia, y así me mantengo feliz. Pienso, mientras estés aquí, quizás voy a estar bien. Quizás las cosas vayan bien.