2012
Hoy creí ver un fantasma.
Cerré los ojos, sacudí la cabeza: no tengo miedo, juro que no tengo miedo.
Me pregunto si tienes miedo, qué vas a pensar si algún día cruzamos miradas, ¿vas a pensar que todavía me amas? ¿vas a pensar que estoy diferente? Estoy diferente. ¿Estás diferente? ¿Fuiste alguna vez igual a lo que creí conocer?
Hoy juré que vi un fantasma.
Y giré mi cabeza, y apreté la cara contra el vidrio del bus dejando el centro atrás. ¿Te acuerdas de caminar por ahí en la noche cuando nos íbamos a jugar todo el día? ¿Te acuerdas de la primera vez que me llevaste a tu casa, a conocer a tu madre, al bar, a conocer a tus amigos, a esa vereda en la que te inclinaste y dijiste que estabas enamorado de mí y querías que fuera tuya y habían pasado tres días desde que nos habíamos conocido? Y yo dije que no, que no, que no, lo dije por una semana entera, pero soy débil, supongo, y necesitaba el afecto.
No estoy triste, y no lo siento, no fue mi intención, yo intenté no llorar pero fue nostálgico, han sido dos años desde la última vez que te vi y me tomaste de la mano y me dijiste que era hermosa y que podía hacer lo que quisiera y me llevaste a casa y me besaste en la puerta. Y aun sueño que me quedo contigo, y que miro tu techo y por la ventana de tu departamento en el tercer piso, y es nostálgico, y trágico, saber ahora que nunca supe en realidad.
No lo siento, no fue mi culpa volverme tan loca y dejarte así. Iba a volver, se suponía que yo iba a volver, pero te diste por vencido demasiado rápido, y no estoy enojada al respecto, supongo que yo también me hubiera dado por vencida.
No me acuerdo de los nombres que nos decíamos el uno al otro, probablemente no recuerdo varias cosas que hiciste por mí, porque eso hago yo, me olvido de todo, los olvido y ellos me olvidan y me dejan ir. Y con todo esto encontré un consuelo enfermo en verte ahí, esperando en el mismo lugar donde te ví por primera vez, donde nunca puedo volver a caminar de nuevo, donde pensé para mí misma que eres tan hermoso y que no me importaba lo que nadie dijera, y nunca pensé que me mirarías a mí, y cuando por fin, después de meses lo hiciste y me ofreciste un cigarro y lo fumé ahí, cuando en ese tiempo nunca fumaba. Sigues siendo simple y estando solitario, desesperadamente intentando llenarte de todo lo que te hace falta, la misma cara firme y difícil, los mismos labios gruesos, los mismos ojos pequeños escondidos tras tus gafas, el mismo niño triste.
Y hoy, creí que vi un fantasma. Y un millón de pensamientos vinieron con ello: y me hizo lamentarlo, y me puso triste.
2014.
Me dicen tu nombre, y tu nombre significa tantas cosas: tu nombre que significó amor y se transformó en odio, tu amor que significó confianza y se transformó en miedo. Tu nombre resuena, porque lo recuerdo todo, todo antes de que todo se me olvidará, porque antes de mi muerte en vida estabas tú, no tú, nosotros: mi vida en tí; antes de vivir en hospitales caminábamos en la lluvia, nos mojábamos por completo, nos besábamos con furor, nos queríamos con rabia, dormíamos juntos y despertábamos revueltos, Concepción, a veces, trae recuerdos de tí, de mí y de todo nuestro reino, recuerdos que ya no quiero, recuerdos que intento evitar pero me llevan caminando los mismos pasos: la galería y el primer cigarro, la escalera y el primer beso, el parque y la primera vez que pecamos, tu departamento y la primera vez que lloramos. No vuelvo ahí, pasé el primer año mirando en dirección a tu ventana en el tercer piso, y el año siguiente lo pasé mirando en dirección contraria, cada fin de semana.
Podría decir que no te lo llevaste todo, que me quedé yo, podría decir que no te amé en serio, pero no soy así, porque si amo me olvido de mí, te entrego todo, me dejo morir; la única forma en la que sé querer y tú el único que la conoce y ahora quizás no la recuerda.
Mis brazos aun tiemblan, se secaron mis labios, tengo la piel de gallina: en esto te convertiste, en desconfianza, en palabras agrias, en miedo de amar, en miedo de todo, en miedo de nadie, y aunque estés tan lejos, tan enterrado, quizás con un poco de esfuerzo podrías encontrarme, y aunque lleve cuatro años planeando el encuentro (en que espero que me digas que tu vida es una mierda, que nada va bien, que se murió tu hermano, en que se murieron todos, que jamás lograste nada, que estás solo, y yo me alegro), no estoy lista, y rogaría a todas las fuerzas universales posibles jamás volver a toparme contigo, que tu hermano esté vivo, que estés feliz, quizás enamorado.
Mi pecho es piedra, nada siente, me digo. Pero mi pecho es sólo piel, y las yagas donde toda mi piel tocaste no sanarían en mil años más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario