viernes, 17 de octubre de 2014

cuentos de amor que no pasaron III

No es que no te ame. Es el ruido que oí a los nueve y mi padre golpeó la puerta tan fuerte tras él que pude jurar a Dios que sacudió toda la casa. Son los siguientes tres años que pasé viendo a mi madre romperse los dientes en botellas de vodka; creo que dejó de respirar cuando él se fue, que parte de ella murió, creo que él se llevó su corazón junto a él cuando se fue. Su pecho está vacío, solo un lío destrozado de costillas rotas y pastillas para la depresión. 
No es que no te ame. Es la sangre en el fregadero, la noche en que pasé doce horas en la sala de emergencias esperando para saber que mi hermana estaba bien después de que el niño al que amaba le dijera que él no la quería más. Es el llanto y las luces fluorecentes, los zapatos blancos y la respiración temblorosa, la sangre. Tanta sangre. 
No es que no te ame. Es esa vez cuando tuve que quedarme despierta durante dos días con mi mejor amiga mientras lloraba, chillaba y vomitaba en mi habitación porque su novio se acostó con su ex; podría jurar que aun lleva las lágrimas marcadas en sus mejillas. Creo que cuando amas a alguien, en realidad nunca se acaba.
No es que no te ame. Es aquella vez que tuvimos un profesor sustituto en Inglés porque nuestra profesora estaba teniendo un divorcio y no lograba salir de la cama. Cuando volvió, sonreía, pero sus manos temblaban fuerte cuando sostenía su taza de café, podías ver cómo algo se había roto dentro de ella, y a veces, cuando las cosas se rompen no es posible arreglarlas. Nada vuelve a ser lo que era. Este año tuve las mejores calificaciones en Inglés. Creo que su cabeza estaba girando demasiado fuerte todo el tiempo como para leer alguno de mis ensayos. 
No es que no te ame, es que lo hago.

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