viernes, 22 de marzo de 2013

tres años dos días.


Eran las 7:35am, dormí dentro y casi olvidé que había prometido recoger a alguien a quien vi por última vez hace tres años y besé dos días antes de eso. 

No pude ponerle un nombre, pero cuando subió al auto junto a mí y cerró la puerta (ruidosamente) el espacio se llenó del olor negativo de su cuerpo, inmediato e intangible, ligado al oxígeno, haciéndolo pesado, y no pude dejar de pensar en esas pequeñas partículas llenándome los pulmones como polvo cada vez que me reía y me comprometía con historias de lugares demasiado lejanos como para relacionarse a mí. 

Olía como hierbas colgando en el mercado chino, o té negro remojado o pelos de gato dentro de una chaqueta de cuero, pero del modelo indio, no del ciclista, del tipo que tiene manchas de sangre de animal y tabaco y parece que las costuras estuvieran llenas de polvo, azúcar y tierra desértica. Olía familiar y penetrante, como sudor y el perfume de melón de mi mejor amigo. Cuando bajó la capucha, empapada por la lluvia, otra esencia se apoderó de mí y de pronto supe detalles íntimos sobre usted, como el hecho de que había usado el shampoo de una chica. 

Aun no se veía el sol en ningún lado, y la lluvia se había trasladado de una intensa tormenta y usted ya no era el aire, ni su cuestionable elección de desodorante; era todo eléctrico y lo sentí en los huesos, en el hormigueo de mi espalda curvada, como los electrodos que usaba para aliviar el dolor cuando era una adolescente, los electrodos que odiaba porque aun cuando decían que me estaban curando comencé a tener migrañas y en todo lo que pensaba durante esos tratamientos era en moribundo cerebro de Sylvia Plath cuando le ataron esas pequeñas cosas a las sienes y dijeron que no dolería, que la estaba sanando, desenredando todos los cables en su craneo, pero ella llegó a escribir un libro sobre eso y todo lo que yo hice fue pensar en el libro durante diecisiete minutos de incómoda grabación e irme a casa a cuidar del dolor de cabeza.

Tocó mi muslo y pensé que salté con tanta fuerza que me golpeé la cabeza pero en realidad me había cambiado minuciosamente; llevaba unos vaqueros y no me había rasurado esa mañana, y me pregunté si por un momento usted los removería para rozar mis pantorrillas y apreciarles o asquearse por ellas... Y le recuerdo interesado en el feminismo, pero de la manera en que se podía hablar sobre ello con chicos en frente de sus novias, y yo no sé si usted lo entiende de esa manera, pero yo sí entendía que usted acabaría besando a una de las partes involucradas posteriormente y de alguna manera sabía que no serían mis espinosas rodillas. 

lunes, 18 de marzo de 2013

Vida Universitaria: marzo mechón.


Soy mechona de Arquitectura en la Universidad del Bío Bío hace casi tres semanas, y no es que me creo el cuento a cagarse, pero nunca había enfrentado un desafío como este y creo que es necesario que quede aquí escrito. Ya pasó el mechoneo, apadrinamiento, carrete mechón, y la primera vereda. Aun llevo más de dos años invicta sin tomar, así que por suerte no me intoxiqué de nada. He trabajado mucho, justo ahora debería estar leyendo Los Ojos De La Piel porque acabo de terminar mi tercer tirada de 14 croquis pero no entiendo muy bien cómo darles características... Creo firmemente que algo de dignidad me debo y es por eso que me exijo, y sobre todo aquí, cuando estoy enfrentada a mí misma sin piedad. 
Cabe mencionar que me sé los nombres de todos mis compañeros, y a mi compañero favorito ya me lo comí, en el carrete mechón... No me arrepiento y no me quiero pasar rollos, prefiero no pensar, sigue siendo mi favorito; uno de los, sino el único, hombre más interesante que he conocido en el último periodo de aventuras de mi vida -aparte de mis profes-. Hemos hablado de la vida y si aun me falta mucho por conocer, sé que hay tiempo. Esto no va donde generalmente va -confío-. También confío en que lograré hacer el trabajo de Composición y aprobar Matemáticas, pero tanta confianza en verdad es mucho bla-bla.
Me gusta la U, aunque me estresa un poco y me frustra, aumenta las chances de un colapso mental y por supuesto cáncer pulmonar. Me confunde, no a nivel sexual -por suerte- pero tengo esperanzas en mí misma y en que si colapso, doy un paso atrás... Sé que si eso pasa no me voy a perdonar jamás... No quiero que pasen las mismas cosas. Estoy bien, y quizás, de aquí a invierno ya no tome pastillas. 
Dedos cruzados.

De una u otra forma me siento un poco hueca, muchos de mis compañeros deben querer esto mucho más que yo, deben tener las herramientas, facilidades y sobre todo las ganas. 

Si yo pudiese cambiar quien soy, quisiera ser una de esas personas con sueños, aquellas que saben bien qué quieren, algo simple y sólido como una familia, ambiciones como un trabajo que amen, un sueño cualquiera; yo no tengo ninguno. Me gustaría ser una de esas personas apasionadas, las cuales viven cada momento llenando su alma de vida, como yo papel de palabras, quisiera ser una de esas personas que se apasionan hasta lograr éxito en lo que sea que amen. Si hubiese podido elegir, me gustaría ser de esas personas sociables, que hablan con todos y sutilmente nunca dicen nada de sí mismos, y nadie está demasiado atento como para notar nada, hasta que pille su mirada de reojo, y ahí… ahí no pase nada, porque no aspiran a ser diferentes, aspiran a ser mejores, por ellos, por sus sueños, sus ambiciones y pasiones. y si yo pudiera, si estuviera segura, quisiera tener alguno…

Ese párrafo lo escribí en la tarde, creo que estaba un poco estresada porque siempre hay gente mejor que yo, no me creo el hoyo pero creo en mí, de una forma u otra. No sé realmente cual es el punto, quería descargar algunas cosas en estos párrafos, y ahora siento que voy a morir de sueño y rabia... Espero de aquí a unos meses, probar de nuevo el alcohol y conocer la marihuana. 

Posdata: Soy una inconsistencia, lo sé.