En todo el control que poseo, aun queda fuera de lo que puedo controlar la capacidad en la que me encuentro.
Una en tanta de cada tardes simplemente rompo a llorar porque soy el fracaso que encarna la persona. Y luego recobro la confianza y el vigor de la vida, y luego me desmorono nuevamente en un ciclo que ha dejado de ser... no sé.
De momento hay demasiadas cosas que no sé. Incluso me asusta saber tan poco a veces.
Y día por medio, o así, me desmorono en la creencia del amor, en el abandono del amor, en el recuerdo del amor, en el amor y el abandono del propio corazón, creo que comienzo a vivir en cuerpo más que en alma, y creo que de alguna manera me es simplemente triste, triste y redundante, la pena que siento por mí misma.
Es invierno. Creo que es el invierno más frío de todos los inviernos, y contra todos mis principios quiero culpar al calentamiento global.
¿Cómo es que el tiempo está pasando tan rápido y así nada más? Esto es una crisis, quizás peor. Y no quiero que sea una crisis. Temo, terriblemente, a las crisis.
Llueve. Mañana: tormenta.
Y la verdad, no me importa, en días como hoy la lluvia me hace feliz. Aunque necesito más espacio y necesito más ruido, necesito más de al inexistente a quien he conocido. Lo conocí, te digo, está allí en algún lugar, y no está en sueños, está en algún lugar cercano a la costa este del país obeso...
Tengo miedo de tantas cosas que nunca me asustaron tanto antes.
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