lunes, 11 de junio de 2012

Para Nadie


En todo el control que poseo, aun queda fuera de lo que puedo controlar la capacidad en la que me encuentro.
Una en tanta de cada tardes simplemente rompo a llorar porque soy el fracaso que encarna la persona. Y luego recobro la confianza y el vigor de la vida, y luego me desmorono nuevamente en un ciclo que ha dejado de ser... no sé. 
De momento hay demasiadas cosas que no sé. Incluso me asusta saber tan poco a veces.
Y día por medio, o así, me desmorono en la creencia del amor, en el abandono del amor, en el recuerdo del amor, en el amor y el abandono del propio corazón, creo que comienzo a vivir en cuerpo más que en alma, y creo que de alguna manera me es simplemente triste, triste y redundante, la pena que siento por mí misma.

Es invierno. Creo que es el invierno más frío de todos los inviernos, y contra todos mis principios quiero culpar al calentamiento global.
¿Cómo es que el tiempo está pasando tan rápido y así nada más? Esto es una crisis, quizás peor. Y no quiero que sea una crisis. Temo, terriblemente, a las crisis.

Llueve. Mañana: tormenta.
Y la verdad, no me importa, en días como hoy la lluvia me hace feliz. Aunque necesito más espacio y necesito más ruido,  necesito más de al inexistente a quien he conocido. Lo conocí, te digo, está allí en algún lugar, y no está en sueños, está en algún lugar cercano a la costa este del país obeso... 

Tengo miedo de tantas cosas que nunca me asustaron tanto antes.

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