Volver aquí, así, en el estado en el que me encuentro se siente vil y vulgar, y por esto me disculpo.
Siento que he escupido un órgano interno por la boca, dígase no del corazón pero más como del apéndice, siento que me han indicado no tropezar con aquella piedra y he decidido lanzarme de cabeza en ella, no una ni dos ni tres veces, tantas veces como me tomó perder el conocimiento así. Del amor no entiendo, siento, en este momento, mucho menos, con la ilusión rota y los ojos llenos de lágrimas.
No soy una persona fatalista, nunca lo fui y en el tiempo he aprendido a ser más optimista que el opuesto, y sé que no moriré en este intento de hacerme a una idea perfecta, pero comprendo una vez más que la idea perfecta no existe, que es imposible hacer girar mis sistemas en una estrella que brilla siniestro egoísmo. Supongo que hay cosas que lamento, pero no quiero lamentar la decisión de cortar de raiz la costumbre de su fantasmal presencia, fantasmal porque nunca estuvo allí realmente, y aunque creía verle, no estaba realmente.
Llegado a este punto, quiero dejar por escrito que nada va a pasarme, no voy a herirme, no merezco heridas, merezco tranquilidad luego de haber pasado por todo esto, merezco tranquilidad el cariño de las personas que me aprecian, merezco beber alcohol en días de semana, merezco chocolate de desayuno y helado de almuerzo, merezco dejar de ejercitar por un par de días o quizás semanas y merezco agua tibia en la tina y gritar las canciones tristes, salir en la toalla de la ducha y volver a lavar la cara con agua fría, lavar la cara, lavar la cara.
Vas a estar bien, va a estar bien, va a estar bien. Vas a estar bien.
Agua, necesito agua.
Va a estar bien.
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