domingo, 25 de mayo de 2014

cartas sobre la mesa

Por fin falta poco para el invierno, el que espero sea relajo y el que espero me lleve de la tierra por una semana o dos. Me gusta que sea invierno, me gusta el frío, me gusta la lluvia y la poca presión de la existencia (no me gusta la presión social del verano), me gusta olvidar a la gente, y me gusta volver a encontrarlos corriendo bajo la lluvia con el abrigo mojado y las botas haciendo chapotear las posas, el pelo pegado a la cara y las rodillas de los pantalones húmedas; más que todo lo demás, me gusta que llegue la primavera. La mayoría de las veces, y quizás este año no tanto, si todo resulta bien, preferiría un invierno eterno, claro, solo si todo resulta bien; me gusta la comodidad.  
Lo que no es comodidad por fin se está acabando, te quiero pero no te quiero, y sé que tampoco me quieres a mí de esa forma, o el hecho de que quieras tanto me disminuye y me asusta, no eres comodidad, eres riesgo y estar contigo me aburre y me acelera el corazón al mismo tiempo porque siento mucho en poco tiempo, y lentamente me voy distanciando y besarte en la mejilla no me hace desesperar, y mirarte a veces por mucho rato no me pone triste; pero no me voy a ir, he crecido y ya no soy de los que se van, he crecido y por eso te ofrezco amistad y mi hombro, e incluso si quieres, algo más, que no significa nada, pero te hace y me hace sentir bien.
Cerrar las puertas es difícil, me cuesta pensar negarme, aun no me hago a la idea de la relación perfecta, pero cualquier sea el caso estamos muy lejos de eso, y ciertamente estar muy lejos de la perfección me hace feliz y me pone tranquila, me da aire y espacio para seguir respirando con los días contados.

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