Estamos tan cerca que casi te veo, tan claro, como agua que me despierta de pesadillas, tan dulce como el niño que eres tú, tan suave como todos tus miedos, tan fuerte como todas tus pasiones, tan tibio como todos tus deseos, tan mío como nada en realidad.
Lamento que los días sean difíciles, que las semanas sean largas y las tardes esquivas, que a mi espacio de soledad vital le sea tan difícil coexistir con el teclado en la pantalla y es que por las tardes siempre estoy de mal humor, no es mi culpa, y sueño con el día en que ya no hay más autobuses y nada más que el ruido del futuro que estoy intentando construir mientras me arrastro por un mundo tan difícil de soportar; sacas de mí lo peor, por la noche, repites lo mismo tres veces y luego te vas, y cuento tres minutos para que vuelvas y vuelves a estar. No es tu culpa que mi frialdad no sea compatible con tus ganas de amar. No es tu culpa no saber del amor, no es tu culpa que no sepa si creo en el amor.
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