Aunque no me quiero me dejo ser, digo que me amo porque no me importan mis propios consejos, no necesito amarme en primer lugar para amarte a tí, no necesito que sea real. Creo quererme lo suficiente para cuidarme y destruirme diariamente en maneras silenciosas: hacer sangrar las encías al cepillar los dientes, dejar que a mi cara la golpeé el viento y la tierra, miro las fotos de las cosas que quiero, que no tengo ni soy, me muerdo los dedos hasta que duele sostener las cosas, me dejo a mí misma acercarme a las personas, animo mi ansiedad, corro hasta que arden los pulmones. Pero prefiero vomitar todo el alcohol de noches anteriores, no me gusta fumar, dos litros de agua al día me son necesarios, las drogas duras me asustan, mis uñas no arañan mi piel.
Confiar en uno mismo no es un proceso ni un destino, supongo, perderse a uno mismo es necesario varias veces, no creo que haya tenido aun suficientes, pero no me pierdo en la gente, mis ojos contemplan el futuro y todo lo que importa es platónico. Mi ansiedad recae en no poder cumplir mis metas ni promesas, mi ansiedad recae en cómo las cosas se desenvuelven en el entorno en el que vivo, se drena en la necesidad, se deja ver entre el espacio del tiempo que me queda y la ayuda a la que no puedo recurrir.
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